¿Por qué revisar el líquido anticongelante del coche en pleno verano?

El 16% de las asistencias en carretera que se producen en verano están relacionadas con fallos del motor. La más temida es la que empieza con el típico “calentón” y acaba con una terrible humareda sobre el capó y la inquietud de que ya en el taller nos confirmen que nos enfrentamos a un desperfecto grave. Por eso es tan importante vigilar durante estos meses de calor el nivel del mal llamado líquido anticongelante. Si en invierno su principal función es evitar que se congele el agua del circuito de refrigeración, en verano, el cometido del “líquido refrigerante” es precisamente ese, controlar la temperatura del motor.

La estadística dice que entre los defectos más habituales detectados en la ITV se cuentan los relacionados con el sistema del motor y la transmisión. En verano, además, las altas temperaturas multiplican por mucho el número de averías del motor en carretera. Son, de hecho, las más frecuentes, detrás de las de la batería. ¿Cómo evitarlas? Lo fundamental, tener clara la importancia del circuito que refrigera el motor y estar pendiente de que no le falte líquido refrigerante.

Controlar la temperatura del motor y facilitar su evacuación hacia el exterior

Este fluido, que en invierno tiene propiedades anticongelantes, y de ahí la confusión en el nombre y las dudas sobre su función, se encarga de controlar la temperatura del motor, algo importantísimo en los días veraniegos de mucho calor. El refrigerante contribuye a transferir al exterior el calor generado durante la combustión y la actividad mecánica del motor evitando que el líquido del circuito entre en ebullición, reduciendo la evaporación y controlando la temperatura del sistema para que no se produzca un sobrecalentamiento que deteriore los componentes del mismo. En otras palabras, ayuda a refrigerar las partes vitales del motor, atrapando ese calor excesivo y llevándolo al radiador.  Allí se enfriará para regresar después al sistema y, de nuevo, volver a circular atrapando y evacuando más calor.

En general, se recomienda cambiar el líquido refrigerante cada dos años o cada 30.000 kilómetros. Pero si queremos mantener en perfecto estado el circuito de refrigeración, con el líquido conservando el 100% de sus propiedades, puede ser interesante, antes de hacer los grandes viajes veraniegos, comprobar al menos el nivel, es algo sencillo que en muchos casos podemos hacer nosotros mismos, y también su estado.

En definitiva, te animamos a evitar inoportunas averías en carretera o disgustos en la ITV manteniendo correctamente el sistema de refrigeración del motor. Para ello es fundamental el uso de un adecuado líquido refrigerante. Protegerá el sistema de las muy bajas temperaturas en invierno y reducirá el riesgo de calentones -y serias averías- en verano.

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